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Domingo 22 de Abril de 2018
 

VIDA RELIGIOSA

 

Foto Iglesia El aumento del número de vecinos, dispersos por alquerías y pomares, exigió la construcción de espacios apropiados para el culto religioso. El ya citado cronista lusitano Gaspar de Fructuoso(1567-1568), afirma que Buenavista, es decir, Breña Alta, "tiene una iglesia de Nuestra Señora de la Concepción a la vista de la ciudad, por lo que la llamaron Buenavista". Siguiendo con la tradición de consagrar a la Virgen antiguas montañas (los llamados Sacro Monte), la ermita fue construida en lo alto del risco que lleva su nombre. Su fundación se remonta a principios del siglo XVI, según consta en algunos legados testamentarios de esta fecha. Los clérigos que atendían la jurisdicción de Las Breñas se titularon, hasta finales de aquella centuria, curas de las iglesias de San Pedro y Nuestra Señora de la Concepción de Buenavista.

No obstante, pronto la ermita de San Pedro, mejor situada para atender a la naciente feligresía, adquirió la categoría de ayuda de parroquia, dependiente del cura beneficiado de la iglesia de El Salvador, en Santa Cruz de La Palma, que constituía la parroquia matriz insular. Desconocemos la fecha de creación de la ermita de San Pedro y quiénes fueron sus vecinos fundadores. En 1539 contaba con una sola nave y capilla mayor, pues en este año se ordenaba que los feligreses que quisieran ser sepultados en esta última pagaran una dobla (500 mrs de moneda canaria) y sólo ocho reales de plata(384 mrs de la misma moneda) si la sepultura se ubicaba en el cuerpo de la iglesia. Tal delimitación del escenario mortuorio revela la existencia de una comunidad aldeana socialmente segmentada, siendo su minoría de campesinos ricos la que nutrió con sus legados testamentarios y donaciones pías la renta necesaria para sostener el cuto y abonar al correspondiente capellán.

Así, en dicho año, la iglesia era propietaria de cuatro fanegadas de tierra junto a la iglesia, las que mandó el visitador dar tributo por tres vidas "a la persona que más diere por ello", y en 1548 consta que el difunto vecino Juan Martín había legado a la ermita un "pedazo de tierra que tiene junto a ella, que ahora esta puesto de viña", con cargo de que se le dijese una misa por su ánima.

En 1552 ya existía pila bautismal, se administraban los sacramentos y se realizaban padrón anual de vecinos o status animarium. Pero la ermita carecía de sagrario, de modo que se trataba de un espacio de culto aún incompleto. La exigencia de una mejor asistencia pastoral por parte de la feligresía de Breña Alta concluyó en 1616, cuando ésta cedió nuevas tierras y rentas para sostener el culto y levantó a sus expensas "casas para que viva el cura y el sacristán", así como un primer núcleo arruado junto a la ermita. Sin duda, estas viviendas fueron construidas sobre las tierras cedidas a la iglesia por anteriores donatarios y repartidas ahora en pequeños lotes tomadas a tributo o censo por los vecinos. Así, Manuel Díaz declara en su testamento (1617) que poseía dos casas (una de teja y otra de paja) con sus correspondientes huertas en el llano de San Pedro, abonando por todo ello trece reales y medio de tributo a la iglesia.

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