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Miércoles 14 de Noviembre de 2018
 

PROPIEDADES Y CULTIVOS

 

Finalizada la conquista, Alonso Fernández de Lugo procedió a repartir tierras y aguas. La documentación relativa a estas mercedes fue destruida en el asalto a la capital insular por el pirata francés Francois La Clerq ( "Pie de Palo") en 1553. Podemos precisar la naturaleza del proceso roturador inicial de las tierras de Buenavista gracias al testimonio aportado por Juan B. Lorenzo Rodríguez. El frondoso bosque de laurisilva retrocedió ante el hacha y el fuego del colonato europeo, poniendo al descubierto un suelo fértil para los cultivos de cereal y, sobre todo, de hierba pastel; un cultivo que ocupó otros espacios del territorio insular y que constituyó uno de los motores de la expansión colonizadora de las islas del Atlántico a lo largo del siglo XV, ante la creciente demanda del tinte que se obtenía de esta planta por parte de los centros manufactureros de Europa.

En 1502, el Adelantado repartió a dos de sus sobrinos, Vasco de Bahamonde, regidor y alcaide de la Torre de San Miguel, y Juan de Lugo, subteniente de Gobernador, diez y siete cahíces de tierra, respectivamente, en La Breña y en Buenavista. Así pues, la colonización inicial de las tierras de Breña Alta favoreció la formación de la gran propiedad, ligada a la elite que gobernaba los destinos de la nueva sociedad. No obstante, junto a este grupo, no residente desde un primer momento en el término, también accedió a la propiedad de la tierra un campesinado parcelario, la mayoría de origen lusitano. De Ponte de Lima vinieron los Duarte (1583); de Oporto, los Capote, y de Santiago de Pionis, los Morera (1586), familias que se unieron a una larga lista de apellidos portugueses como Yanes, Gonyäles, Luis, Díaz, Afonso, Mederos, Noguera, Oveiro, Castañeda, Alvernas, Fiallo...procedentes de las islas Terceras, Madeira, Barcelos, Aveiro, Santo Tomé de Corvellán. Trajes Típicos

El cronista Gaspar de Frutuoso (1567-1568) pondera las virtudes de las aborígenes, indicando que "algunas están casadas con portugueses, otras con castellanos, aunque los mestizos son pocos". Muchos de estos lucitanos eran judíos que buscaron refugio en la isla, según se desprende de los interrogatorios practicados por el Tribunal del Santo Oficio. El proceso inquisitorial más importante fue el del rabino Álvaro González y su familia, zapatero natural de Castelblanco, en Portugal, acusado de convertir su casa en una sinagoga, Fue quemado por hereje en Auto de Fe celebrado en Las Palmas de Gran Canaria en 1526, al igual que su esposa Mencía Báez, su hijo Silvestre González y su amigo el médico Diego de Valera.

Huyendo de la inquisición, se avecindó en La Palma en 1504, adquiriendo algunos viñedos en La Breña. Sus hijos Antonio, Duarte y Ana González, mujer del portugués. Pedro González, vecinos de La Breña, fueron igualmente penitenciados.

La hierba pastel pronto desapareció del terrazgo cultivado, y las siembras de cereal, con algunos frutales y viñas en las cortinas de los huertos, ocuparon entonces la mayor parte del suelo agrícola, cuyo frente roturador a costa de una intensa deforestación avanzaba a medida que aumentaba la demanda de subsistencias del creciente vecindario insular, exportándose algunos excedentes a los mercados exteriores. Sin embargo, pronto fue la demanda interna la responsable de la expansión cerealista en los fértiles suelos de Breña Alta. La mayor parte del territorio vecino pago de Breña Baja (que junto con Breña Alta y Buenavista integraban el término conocido de Las Breñas) respondía en propiedad al significado de breña, es decir, de tierra improductiva cubierta de maleza y matorral, de modo que sus cortos yerbajos únicamente servían de pasto comunal para los ganados de cabras y ovejas. Pero las características edafológicas de este territorio eran muy apropiadas para el desarrollo de las vides. Ocurrió entonces una sostenida expansión de la viticultura, estimulada por la demanda de caldos en el mercado interior y, sobre todo, en los mercados de Europa y de las colonias españolas y portuguesas. Se forjó así una especialización y articulación de la actividad agraria, es decir, entre el sembradío y la viticultura, ocupando las tierras de Breña Alta un papel de singular relieve en la nueva estrategia productiva. Mediante la percepción de rentas en especie, abonadas por medianeros y pequeños renteros, la terratenencia insular se procuraba aquí los granos necesarios para el pago de los salarios de los jornaleros vitícolas, miembros de aquellas unidades familiares, que faenaban en sus grandes haciendas.

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